Escape Plan: cerámica, urgencia y un imaginario de huida

Escape Plan: cerámica, urgencia y un imaginario de huida

Hay obras que nacen desde la técnica. Otras, desde una idea. En el caso de Andrés Sepúlveda, ambas dimensiones se cruzan en un mismo punto: una necesidad persistente de imaginar otra salida.

Su trabajo se construye a partir de una exploración técnica muy específica, pero profundamente cargada de sentido:

“Mi trabajo se centra en la exploración de una técnica antigua usada para la confección de flautas principalmente, obteniendo de esta manera formas cilíndricas que en conjunto con la elaboración de esferas y demás técnicas constructivas, permiten crear […] infinidad de objetos utilitarios o escultóricos.”

Desde ahí emerge Escape Plan, una serie que no solo articula formas, sino también una postura:

“Se trata de una expresión artística que visibiliza la urgencia del cambio de conciencia en cuanto a la explotación y apropiación de recursos en desmedro de las especies animales con las que debemos aprender a coexistir… aunque la urgencia generó un plan de escape interestelar.”

No es una narrativa literal. Es una apología, una tensión entre permanencia y fuga.

Animales, energía y desplazamiento

Las piezas que componen esta serie toman como punto de partida especies que forman parte del patrimonio natural, pero que hoy se encuentran bajo amenaza. El guanaco y la Ranita de Darwin aparecen como figuras centrales, desplazadas de su contexto original hacia un nuevo escenario: uno donde la supervivencia parece requerir tecnología, adaptación o escape.

En paralelo, aparece una tercera pieza que introduce una dimensión más abstracta dentro del relato:

“Una vasija escultórica que hace referencia a una esfera de Dyson […] diseñada para rodear una estrella y capturar la mayor parte de su energía.”

Dentro de Escape Plan, esta estructura no es solo referencia científica, sino sistema: una fuente que concentra y distribuye energía hacia las demás formas, sosteniendo este imaginario de tránsito y supervivencia.

Pensar la materia desde el origen

Más allá del resultado formal, hay una decisión clave que atraviesa todo el trabajo de Andrés: cómo relacionarse con los materiales.

“Debe ser más que nada la energía humana lo que nos permita crear, eludiendo procesos tales como el uso de herramientas eléctricas […] buscando la manera de hacer mis propias herramientas, tomando elementos de la naturaleza como lo hacían alfareros antiguos.”

Esa búsqueda no es estética, es estructural. Su aproximación a la cerámica implica entender el material en cada uno de sus estados:

“Se estudia el material para conocer cada estado de este y aprovechar las distintas fases de humedad y plasticidad […] logrando la máxima eficiencia del material usado.”

Esto le permite trabajar con grosores mínimos y estructuras complejas, donde la forma no es solo volumen, sino equilibrio.

Cilindros que sostienen.
Esferas que distribuyen tensiones.
Un sistema constructivo que, sin declararlo explícitamente, dialoga con principios arquitectónicos.

Técnica, memoria y cuerpo

La técnica que hoy define su obra no aparece de forma aislada. Tiene un origen personal:

“En mi adolescencia tuve un vínculo súper profundo con la quena […] eso tiene una estrecha relación con la técnica usada hoy por mi para hacer cerámica.”

Las flautas —y su construcción mediante rodillos— se transforman en un puente entre sonido, forma y materia. De ahí nace también una línea completa de piezas utilitarias, donde el gesto técnico se mantiene, pero el uso cambia.

A esto se suma una dimensión territorial más difusa, pero igual de presente:

“El hecho de haber nacido en Antofagasta […] creó en mí un especie de nostalgia y sentido de pertenencia étnica extraña.”

No es una cita directa a lo prehispánico. Es una reinterpretación desde la intuición, la memoria y la distancia.

Cerámica como escenario

En Escape Plan, la cerámica deja de ser solo objeto para convertirse en escenario. Cada pieza funciona como un fragmento de un sistema mayor, donde los animales, la energía y la tecnología coexisten en tensión.

Lo interesante no es solo lo que vemos, sino lo que queda insinuado:
un mundo donde la urgencia ya ocurrió,
donde el escape ya está en marcha,
y donde la pregunta no es si debemos actuar, sino por qué aún no lo hacemos.

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